La verdad sobre Anastasia, la hija del zar

de izquierda a derecha: Olga, Tatiana, María, Anastasia

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Anastasia Romanov y Ana Anderson fueron dos mujeres unidas únicamente por la vivencia de una tragedia personal. Eso si, cada una la suya: La de la primera fue su muerte, la de la segunda, su vida

Tras la muerte de la familia Romanov, incluidos los cinco hijos del zar, empezaron a circular rumores por toda Europa, sobre todo a partir de los años 40, durante la decadencia comunista tras la guerra. ¿Y si en algún lugar del continente se escondía una de las hijas de Nicolás ll? ¿Logró escapar la pequeña de las hermanas Romanov? ¿Qué significaría eso para el despiadado régimen de Stalin?

El desencadenante fue la historia de un soldado borracho que pertenecía a la cuadrilla que Lenin envió al Palacio Real para ejecutar a la familia del zar. Comentó a algunos de sus compañeros que salvó a la menor de las hermanas y la envió a Rumanía para que estuviera a salvo. La historia no tenía mucho sentido, más bien parecía tratarse de una broma, pero bastó para sembrar la semilla de una nueva leyenda en Europa.

Fueron muchas las mujeres que dijeron ser Anastasia Romanov. La mayoría de esas historias cayeron en el olvido al ser más que evidente que se trataba de farsas de mujeres solitarias que necesitaban llamar la atención. Pero entre las muchas historias descabelladas había una que parecía coincidir con algunas de las hipótesis que se manejaban en las élites pro monárquicas rusas. Una joven de ascendencia eslava que trató de suicidarse tirándose de un puente en Berlín y fue llevada a un centro  psiquiátrico, contó historias extrañas sobre su identidad y su relación con la familia real hasta que un día admitió que era Anastasia, la última descendiente de la estirpe real rusa. Al principio la historia no cuajó, pero  el tiempo, las ganas de muchos de que fuera cierto y el notable parecido entre las dos mujeres hizo que gran parte de los que escucharon la historia creyeran la versión.

Se escribieron libros, panfletos, ensayos y historias sobre el asunto. Una princesa perdida que había sido descubierta en un psiquiátrico alemán. Para muchos rusos significó esperanza, para otros, temor. Pero el tiempo y los avances tecnológicos en el campo forense le dieron a la historia un final inevitable.

Tras la muerte de Ana Anderson en 1984 se hicieron pruebas de ADN que demostraron que la mujer que decía ser hija de Nicolás ll, el último zar, no tenía ninguna relación con la familia real rusa. Y no sólo eso. Durante los años noventa se hicieron numerosos estudios (tanto por universidades americanas como rusas) que acabaron para siempre con las fábula: Toda la familia del zar (incluidas cuatro personas del servicio) fue ejecutada el 16 de Julio de 1918.

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