Creatividad militar al cuadrado (I): Mussolini y las ovejas paracaidistas

Caricatura sobre los acontecimientos de la II Guerra italo-etíope

Caricatura sobre los acontecimientos de la II Guerra italo-etíope

El reino animal, desde su razonable ignorancia, ha protagonizado o sido testigo de algunos de los acontecimientos históricos más disparatados y absurdos.

Desde que Calígula nombrase cónsul a su caballo allá en el año 40 d.C. muchas bestias han estado al lado de la historia sin ser conscientes, obviamente,  del papel que desempeñaron. Palomas mensajeras que comunican reinos, perras que viajan al espacio o delfines espías. Todos imprescindibles para la ejecución de algunos de los eventos históricos más remarcables.

Benito Mussolini, que de extravagante tenía bastante, orquestó una de las misiones más disparatadas del siglo XX.

El estado fascista italiano, a las órdenes de Il Duce, Tenía fuertes pretensiones militares y estratégicas en África. Con Libia, Somalia y Eritrea bajo control, Italia se propuso invadir Etiopía (junto a Liberia los dos únicos países no colonizados del continente) Pero el propósito de esa operación no era únicamente militar ya que 40 años antes, en 1895, Menelik II derrotó a Italia en el primer intento de hacerse con el control del país. Algo que para un régimen fascista era inconcebible. En 1935 el mandato de Mussolini ya era total  y su poder era incuestionable. No podía permitir que ese insignificante país africano siguiese siendo una espina en la historia castrense italiana.

Una de las ovejas, a punto de ser lanzada

Una de las ovejas, a punto de ser lanzada

Italia era considerablemente más fuerte que Etiopía, pero las terribles condiciones en las que habría de luchar eran un hándicap a tener en cuenta. Las divisiones de Mussolini cruzaron a pie el desierto de Danakil (uno de los lugares más calientes del planeta) por lo que viajaron ligeros, con apenas unas cuantas cantimploras para hacer más llevadera su dura travesía. Como la comida fresca no podía conservarse en esas condiciones, los mandos italianos decidieron que el mejor modo de alimentar a sus tropas era llevar a los animales vivos hasta allí. Era imposible aterrizar en esa superficie por lo que los lanzaron desde los aviones en los que viajaban. Más de setenta ovejas y dos toros “saltaron” en paracaídas en aquellos días que duró la incursión.

Mussolini se salió con la suya y ganó la guerra, aunque la alegría no le duró demasiado. En 1941, las tropas británicas y guerrillas etíopes independientes echaron a los italianos del país, causando el inicio de la decadencia del régimen de Il Duce.

Aunque ya nadie en Europa se acuerde de esa guerra, la imagen de una oveja en paracaídas no deja de ser entrañable con el paso de los años.

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