Irma Grese y otras guardianas del terror

Irma Grese (en medio) colaboró personalmente con el Dr. Mengele

Irma Grese (en medio) colaboró personalmente con el Dr. Mengele

En tiempos del Tercer Reich, la crueldad y el sadismo tuvieron un protagonismo desmedido en algunos de los campos de exterminio más conocidos de la historia. No hay nada que añadir a lo que sepamos sobre Auschwitz, Treblinka o Chelmno. El ser humanos fue testigo de las torturas y ejecuciones mas aberrantes que el hombre moderno del Siglo XX pudiese imaginar. Los actos que salieron a la luz tras la derrota de los nazis sobrecogieron a todo el mundo y aceleraron las muchas ejecuciones que tuvieron lugar después de la guerra.

Por alguna razón, el rostro de la maldad tiene siempre facciones masculinas. Cuando alguien ha sido maltratado cruelmente, o aparece un cuerpo salvajemente mutilado, imaginamos de forma automática, que un hombre perturbado ha cometido esa atrocidad.

Conocida cómo “Angel de Auschwitz” o “La perra de Belsen” Irma Grese nació en Wrechen en 1923. Desde muy joven mostró interés por la medicina y pronto decidió que quería convertirse en enfermera. Desgraciadamente para ella, su intelecto no era comparable a su perversión, por lo que no consiguió graduarse. Se unió a las juventudes hitlerianas y a la Bund Deutscher Mädel (Liga de la Juventud Femenina Alemana). Su primera experiencia en un campo de concentración fue en Ravensbruck, donde llegó a ser supervisora justo antes de ser trasladada a Auschwitz, donde tenía a su cargo a mas de 30.000 prisioneras judías.

"El Ángel de Auschwitz" durante el juicio en el que se le condenó a muerte (Hamelín - 1945)

“El Ángel de Auschwitz” durante el juicio en el que se le condenó a muerte (Hamelín – 1945)

Según los supervivientes de los campos por donde pasó, Irma Grese tenía por costumbre echar perros hambrientos sobre las presas para que las devoraran. También le gustaba ejecutar a sangre fría al azar, torturar a niños, vejar y humillar sexualmente y matar a latigazos.

Gisella Pearl, una prisionera ginecóloga de los prisioneros dijo: “A Grese le gustaba azotar con su fusta en los senos a jóvenes bien dotadas, con el objeto de que las heridas se infectaran. Cuando esto ocurría, yo tenía que ordenar la amputación del pecho, que se realizaba sin anestesia. Entonces ella se excitaba sexualmente con el sufrimiento de la mujer”. Según otros presos, Grese mataba al menos a 30 personas al día.

Existen muchos rumores acerca de la personalidad de “La perra de Belsen”. Algunos expertos coinciden en que su crueldad para con los presos no tenía ninguna relación con la doctrina de Hitler, que simplemente le excitaba sexualmente la tortura que ejercía sobre las personas.

Otras mujeres nazis conocidas por sus perversiones sádicas fueron Erna Wallisch, María Mandel o Emma Zimmel. La gran mayoría de esas mujeres fueron juzgadas y ejecutadas, otras como Erna Wallisch (falleció en 2008) consiguieron escapar. Según los expertos, incluso los altos mandos de los campos (todos hombres) procuraban tenerlas contentas.

Por algún motivo, estas mujeres se sentían especialmente a gusto entre la muerte y la tortura. La mayoría de ellas (incluida Grese) nunca mostraron arrepentimiento y afirmaron no haber cometido ninguna injusticia. Los informes oficiales detallan cómo Irna Grese, se mostró arrogante incluso en el momento exacto en el que iba a ser ejecutada en la horca. Su última palabra fue: Schnell! (rápido!).

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