Norton I, el Emperador de los Estados Unidos

Joshua A. Norton (1819-1880)

Joshua A. Norton (1815-1880)

¿Qué hace falta para ser emperador? A juicio de Joshua Abraham Norton bastaba con proclamarlo. Con un poco de suerte te harán caso. Joshua (1815 – 1880), en una carta enviada al diario San Francisco Bulletin el 17 de Septiembre de 1859, es decir, a los 44 años, se proclamó emperador de Estados Unidos. Más tarde y “dada la incapacidad de los mexicanos de regir sus propios asuntos” también se declaró protector de México.
Resulta simpático, además de su autoproclamación, la decisión de reunirse en una sala de conciertos para cambiar las leyes:

“En la petición y el deseo perentorio de una gran mayoría de los ciudadanos de estos Estados Unidos, yo, Joshua Norton, antes de la Bahía de Algoa, del Cabo de Buena Esperanza, y ahora por los pasados 9 años y 10 meses de San Francisco, California, me declaro y proclamo emperador de estos Estados Unidos; y en virtud de la autoridad de tal modo investida en mí, por este medio dirijo y ordeno a los representantes de los diferentes Estados de la Unión a constituirse en asamblea en la Sala de Conciertos de esta ciudad, el primer día de febrero próximo, allí y entonces se realizarán tales alteraciones en las leyes existentes de la Unión como para mitigar los males bajo los cuales el país está trabajando, y de tal modo justificar la confianza que existe, tanto en el país como en el extranjero, en nuestra estabilidad e integridad.”

Si bien, más allá de su ciudad el caso que se le hacía era mínimo (que no nulo: se carteaba con la Reina Victoria), en ella era un personaje tenido en cuenta y, por lo que se desprende de la wikipedia era, en general, querido: en los restaurantes comía gratis, en los estrenos de las óperas el público esperaba en pie a que tanto él como sus dos perros (Lázaro y Bummer, a quien Mark Twain le dedicó un epitafio) tomasen asiento en sus butacas (reservadas por privilegio imperial), se imprimieron billetes con su nombre y su cara…y unas cuantas cosas más, entre las que sobresale el hecho de que en el censo constase con la profesión de Emperador.

Y con su epitafio nos despedimos por hoy:

“El Emperador Norton no mató a nadie, no robó a nadie, no se apoderó de la patria de nadie. De la mayoría de sus colegas no se puede decir lo mismo.”

Via Metalsaurio

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