Romanos y crueles… Muy crueles

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Durante siglo XX tras cometerse terribles y lapidarios genocidios en masa, Adolf Hitler, Iósif Stalin, Pol Pot y otros muchos dictadores pasaron a los anales de la historia como algunos de los seres más perversos y despreciables de todos los tiempos.

Pero el origen del mal y la perversidad humana, y de la inhumanidad, tiene su punto de partida muchos siglos antes del nacimiento de cualquier de estos personajes. Con el desarrollo de la República y posterior advenimiento del Imperio Romano, los inventores del Derecho, la ingeniería o el latín también lo fueron de atroces castigos que aplicaban no sólo sobre malhechores o esclavos, sino también sobre las esposas o los hijos.

La autoridad que por costumbre se le otorgaba al pater familias le permitía vertir plomo fundido sobre la garganta de su mujer hasta acabar con su vida si ésta había cometido adulterio. La pederastia se toleraba, al entender los romanos que las relaciones de un adulto con un muchacho podían resultar formativas.

Si un hijo no deseado se obstinaba en venir al mundo (por ser fruto de adulterio, nacía con una tara física o era niña en lugar de niño deseado), el romano podía, tranquilamente, matarlo en cuanto naciese, sin remordimientos. Unas veces se le asfixiaba, otras se les abandonaba.

En el ámbito doméstico, el pater familias tampoco mostraba piedad ante los descuidos de sus sirvientes. Según los historiadores, un romano de nombre Vedio Podión, arrojaba a sus esclavos culpables a un estanque para que fueran devorados por las voraces murenas que criaba.

Los maleantes autores de fechorías eran castigados con la crucifixón. Iba precedida de una flagelación con bastones o látigos calentados al rojo sobre un brasero. La agonía del reo era atroz porque tardaba varios días en morir tras serle insertados clavos entre las muñecas y tobillos.

Para deleite de la plebe, los condenados a muerte también eran ejecutados públicamente en los foros, anfiteatros y circos. Al principio se les ataba a postes de madera y se soltaban fieras hambrientas para que dieran cuenta de ellos. Pero el procedimiento se recrudeció con espectáculos en los que había relaciones sexuales entre mujeres y animales salvajes.

Hubo bestiarios que entrenaron animales como toros, jirafas, leopardos, asnos, jabalís o cebras para que violaran mujeres, cubriendo a éstas con pieles de animales. Representaban así escenas mitológicas en las que el dios Zeus violaba a jovencitas adoptando la forma de distintos animales.

La crueldad más extrema también se apoderó de varios emperadores como Calígula, Domiciano o Cómodo, pero ello merecerá otro capítulo….

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