El árbitro que odiaba a los rusos y así lo demostró

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La Unión Soviética siempre presentó grandes equipos que partían como claros aspirantes en los Mundiales. Equipos con gente de la talla del portero Lev Yashin y del balón de Oro Oleg Blohkin, entre otros. Parecían poder entrar en la puja por levantar el título, pero en unas ocasiones por fallos propios, en otros por sospechosas actuaciones arbitrales, la Unión Soviética lo más lejos que llegó fue a las semifinales en Inglaterra 66. Incluso, en dos ocasiones no llegó a disputar la Fase Final. Una por la incomparecencia en Chile por el Golpe de Estado de Pinochet, y otra al no clasificarse en 1978.
Pero en todas las sospechas en los arbitrajes no se pudo profundizar. Errores, desaciertos, lances del fútbol… Excepto en uno. En el Mundial de Chile en 1962, en el primer encuentro de la URSS en su fase de grupos debía enfrentarse a Colombia. Era la primera participación del país cafetero en los Mundiales por cierto. Su clasificación había ocasionado cierta sorpresa, y parecía complicado poder plantar cara a la poderosa Unión Soviética. Sin embargo, lo consiguieron. El partido parecía encarrilado y cumpliendo el guión previsto. En el minuto 15 el marcador ya mostraba un 3-0 a favor del equipo comunista, y parecía quedar sentenciado. Antes del descanso, Colombia recortó diferencias pero aún así el 3-1 parecía muy cuesta arriba. Y más cuando en el minuto 56, la diferencia se ampliaba por un tanto más.Poco más de media hora y Colombia caía por 4-1… ¿Definitivo? ¿Misión imposible?
Pues Colombia lo consiguió y el partido se convirtió en una de sus primeras hazañas futbolisticas a recordar. Anotó un gol directamente desde el corner, situación única en la historia de los mundiales, y posteriormente otros dos goles lograron niverlar el marcador a poco del final. La araña negra, el mejor portero del Mundo, veía perforada su portería en cuatro oportunidades. Colombia rascaba un punto que era festejado con devoción.
Sin embargo, años después, el árbitro del encuentro, el brasileño Joao Etzel Filho no se mordió la lengua y confesó su pecado:
Yo empaté aquel partido. Soy descendiente de húngaros y odio a los rusos
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