Simo Häyhä: cómo cargarse a 500 soviéticos escondido en la nieve

“American Sniper” ha conseguido lo que un buen productor quiere; no dejar indiferente a nadie. Chris Kyle abandonó Iraq con cerca de doscientas bajas confirmadas a sus espaldas, así como si nada. No sería justo llamarle asesino en serie, pero de ahí a hacer una película de corte heróico sobre su gesta, escenitas finales con música emotiva incluida, pues hay un trecho, y ha dejado a muchos con ganas de vomitar sobre el pobre Clint; Seth Rogen, actor de películas como “The Interview” (sobre la que hablaremos un día de estos) o “Superbad”, la ha calificado como “propaganda nazi”, y enseguida les han caído las hostias, en forma 140 caracteres, eso sí.

Pero lo que nos trae hoy aquí no es “American Sniper”, Chris Kyle o la guerra de Iraq, sino la historia de Simo Häyhä, in simpático finés que se ventiló, así como quién no quiere la cosa, a más de 500 soviéticos en la Guerra de Invierno:

(Cortesía de AsesinosEnSerie.com)

Durante la Segunda Guerra Mundial se empleó de forma profusa a los francotiradores, y estos pasaron a tener gran importancia táctica en escenarios como la batalla de Stalingrado, Dieppe, Monte Casino, la del atolón de Kwajalein y, cómo no, la de Kollaa, sucedida en la Guerra de Invierno, que tuvo lugar en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, con la U.R.S.S. y Finlandia como contrincantes, y el francotirador finlandés Simo Häyhä como la gran leyenda de guerra, que pasaría a la posteridad con el sobrenombre de “La Muerte Blanca”, dado a Simo por los aterrorizados soldados soviéticos.

Lejos de ser una exageración, Simo no era solo un gran francotirador, era y aún es el mayor francotirador que jamás haya existido, colocándose, con sus 542 bajas (más de 700 con las efectuadas sin su arma de francotirador), por encima de otros grandes como los soviéticos Vasili Zaitzev (400) o Yakovlevich (346), o los alemanes Erwin Koning (400) y Heinz Thorvald (300). Y todo en poco más de 100 días, matando aproximadamente unos 5 enemigos diarios, y encarnando, más que cualquier otro francotirador, el lema de “un disparo, un muerto”… Quizá, al menos en parte, detrás de esa eficacia escalofriante haya estado la tranquilidad y frialdad con que cumplía su deber militar; ya que, según crónicas de aquel entonces, matar soviéticos era para él algo “como ir de caza”…

Antes de pasar a la historia

Simo Häyhä nació un 17 de diciembre de 1905 en un pueblo agrícola de la región de Rautjärvi, situada entre la frontera de Finlandia y Rusia. Su padre era el agricultor Juho Häyhä y su madre era Katrina os Vilkko.

Simo era el segundo de ocho hijos en una familia campesina de humilde condición económica, que vivía de la caza, la pesca, el cultivo de la tierra y la ganadería. De pequeño asistió a una escuela primaria en Miettilä; y ya más tarde, de adolescente, se interesó por actividades como el esquí, la cacería, el béisbol y el tiro deportivo, llegando a ser campeón en el distrito de Viipuri, en la región de Carelia.

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Llegado el año 1925, Häyhä hizo un año de servicio militar obligatorio en el Ejército de Finlandia, culminando el período con el rango de cabo en una unidad de bicicletas (de efectivos militares que usan bicicletas). Como era de esperarse, durante su entrenamiento Häyhä demostró gran habilidad en las prácticas de tiro, siendo capaz de dar en un blanco 16 veces por minuto a unos 500 metros de distancia…

Acabado el año de servicio, Simo permaneció como reservista de la Guardia Blanca, que era una organización militar semejante a la Guardia Nacional de USA, y que ya tenía cierto prestigio histórico por su destacado rol en la guerra civil contra los comunistas, acaecida en 1918. Así, los días de Simo fueron de relativa tranquilidad, y sus actividades constaban de cosas como la pesca, la agricultura y, por supuesto, la cacería. Sin embargo, en 1939, estalló la terrible Guerra de Invierno, apenas tres meses después de que Hitler iniciara la Segunda Guerra Mundial con su invasión a Polonia. Por ello, de ser un gran cazador de alces, Simo pasaría a ser un gran cazador de soviéticos, brindando así una importante colaboración en la resistencia finlandesa que quebró las ambiciones que Stalin tenía de ocupar toda Finlandia y extender sobre Helsinsky los tentáculos del Kremlin… Y es que sus más de 500 bajas no tenían solo una importancia concreta, no significaban solo ese número de vidas: eran también un elemento clave en la desmoralización de las tropas soviéticas, que terminarían huyendo de Finlandia con la vergüenza de que el gran Ejército Rojo había sido golpeado por hombrecillos vestidos de blanco que, fundidos con la nieve del paisaje inclemente, disparaban sorpresivamente desde la lejanía, invisibles como fantasmas…  Naturalmente, el descrédito que la Guerra de Invierno trajo al Ejército Rojo, fue parte de lo que hizo a Hitler resolverse por iniciar la Operación Barbarroja. Ahora, y pese a que Finlandia resistió y conservó su soberanía, tuvo que firmar un tratado de paz en que cedía a la Unión Soviética el 10% de su territorio y el 20% de su capacidad industrial.

El escenario militar en que operó Simo Häyhä

La invasión soviética a Finlandia se produjo en invierno (con temperaturas de -20º a -40º), a fines de noviembre, y Simo entró a combatir como francotirador del Regimiento Jaeger 34, que habría de desempeñarse a lo largo del río Kolla, frente a un enemigo cuya superioridad numérica era a veces de 100 a 1, ya que Finlandia tan solo había conseguido reclutar unos 180000 hombres para hacer frente al inmenso ejército invasor.

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Sin embargo, pese a su inferioridad numérica, los fineses conocían mejor el terreno, estaban mucho mejor adaptados al clima, y sus estrategias militares eran ingeniosas y concordantes con la geografía y la naturaleza del desafío bélico que representaba la Unión Soviética. No podían darse el lujo de enfrentar al enemigo a campo abierto, ya que eso sería un suicidio militar. Entonces… ¿Por qué no atormentarlo?, ¿por qué no sembrar el terror en las líneas enemigas, atacar el sistema de suministro y emplear recursos económicos frente a armas costosas como los tanques soviéticos? En esa línea, los fineses usaron cosas como: tácticas de guerrilla, con pequeños y rápidos ataques sorpresa, muchas veces efectuados con tropas entrenadas para pelear en esquíes; invisibilidad en combate, posibilitada por trajes de camuflaje especialmente diseñados para el conflicto, y ejercida en gran parte por francotiradores; cocteles molotov, con los cuales podían volar en pedazos a los tanques y otros vehículos del enemigo; ataque a las líneas de suministro, ya sea con grupos de asalto o francotiradores.

Por su parte, la arrogancia militar de los soviéticos, al menos al inicio del conflicto, rayaba en lo vergonzoso. En efecto, se cuenta que, cuando la guerra empezó, los soviéticos iban con bandas sonoras, marchando como si de un desfile de victoria se tratase… También llevaron vehículos que no habían sido probados en un frío tan extremo, y que tuvieron que mantener prendidos todo el tiempo para que el combustible no se congelase; además, algunos oficiales utilizaban técnicas obsoletas de la Primera Guerra Mundial. Pero, al menos lo último, no debería sorprender si se tiene en cuenta que gran parte de los oficiales soviéticos eran elegidos por razones meramente políticas: ahora, en medio de la nieve, habrían de sufrir las consecuencias militares de esa corrupción…

Las técnicas de Simo Häyhä

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Muy diferente al estereotipo de gran combatiente militar que existe en el imaginario social, Simo no era alto, ni musculoso, ni pronto a la ira: era pequeño (medía apenas 1.60 metros), delgado, calmado y cerebral, incluso cuando las balas silbaban a su alrededor…  De gran ingenio a la hora de apretar el gatillo, Simo se caracterizaba por técnicas como:

– Usaba la mira de acero del propio rifle en vez de una mira telescópica, para así no revelar su posición, ya que un francotirador tiene que alzar su cabeza para usar la mira telescópica, y además la luz solar puede reflejarse en el lente y delatar su ubicación.

– A la hora de seleccionar el objetivo, Simo buscaba al mando de mayor graduación, pero esto no siempre se evidenciaba a simple vista (algunos militares precavidos ocultaban sus distintivos de rango), así que observaba la conducta de sus potenciales blancos, a ver quién daba órdenes, hablaba con operadores de radio o mostraba otra actitud propia de quien tiene el poder en el grupo.

– Compactaba la nieve que tenía frente a él, a fin de que ésta no se alzase cuando disparara. En este mismo empeño, incluso a veces creaba bloques de hielo.

– Colocaba nieve en su boca para no delatarse con el vaho de su respiración.

Fueron todas las técnicas anteriores, junto a la puntería, el ingenio y los reflejos que Simo tenía, lo posibilitaron que, habiendo entrado a la guerra como cabo, terminase como teniente segundo, siendo condecorado por el mariscal Carl Cuando el conflicto bélico término Simo Häyhä, quien había entrado a las filas del ejército finés como un simple soldado de infantería posteriormente ascendido a cabo, recibió el rango de Teniente segundo durante la campaña en el río Kollaa y también fue condecorado por el mariscal Carl Gustaf Emil Mannerheim con la Cruz de Kollaa y la Cruz de Plata, pasando con ello a ser el individuo que más rápido había ascendido de rango en toda la historia militar de Finlandia. Era pues el gran héroe del “Milagro de Kollaa”, batalla en la cual murieron 8000 soviéticos y, durante el episodio conocido en inglés como “The Killer Hill Battle”, 32 finlandeses, entre los cuales estaba Simo, plantearon una feroz resistencia a 4000 soviéticos, mostrándole al mundo que el coraje de los 300 espartanos podía repetirse en la era de la pólvora, los aviones y los tanques.

A la caza de “La Muerte Blanca”

Cuando la fama de Simo creció entre los soldados soviéticos y éstos empezaron a verlo como una importante amenaza, le pusieron el apodo de “Belaya Smert” (Muerte Blanca); y los oficiales, que se tomaron con seriedad el asunto, montaron operaciones especialmente diseñadas para matarlo.

Primero únicamente enviaron escuadrones para darle muerte, pero Simo se escondía bien e hizo perecer o claudicar a todos los escuadrones que fueron a cazarlo. Ante eso, los mandos soviéticos crearon un escuadrón especial de francotiradores especializados en aniquilar francotiradores, pero Simo los mató a todos…

Desesperados, los soviéticos llegaron a efectuar un ataque de artillería, en el cual el abrigo blanco de Simo fue rasgado por fragmentos de municiones enemigas, cosa que reveló su posición; pero, aún así, él sobrevivió…

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Finalmente, los soviéticos se librarían de Simo un 6 de marzo de 1940. Los hechos fueron más o menos así:

Eran las 6:20 a.m. cuando Simo y los de su unidad recibieron la orden de atacar a unos soldados soviéticos que estaban apostados en un valle, negándose a abandonar sus puestos por orden de sus comandantes. En aquel enfrentamiento habían muerto unos 140 finlandeses para el mediodía, pero las bajas soviéticas eran mucho más cuantiosas y, a lo largo y ancho del terreno, los cadáveres yacían tiñendo de rojo la nieve. Los soviéticos estaban desesperados, ¿cómo podían perder tantos soldados?, ¿dónde se escondían los malditos francotiradores finlandeses? En ese afán por acabar con los escurridizos soldados finlandeses, los soldados soviéticos se veían correr de un lado a otro, y los proyectiles de artillería estallaban en numerosos sitios, haciendo saltar la nieve y los punzantes trozos de árboles despedazados. Para el momento en que un soviético gritó o la posición de la “Muerte Blanca”, Simo ya había arrasado con unos 40 soldados enemigos, superando con creces su record de otros días… Pero ahora las cosas estaban realmente complicadas: los soldados enemigos corrían hacia él, y en la zona apenas quedaban unos 14 fineses…

Simo estaba oculto detrás de una gran roca. No podía darse el lujo de asomar la cabeza o el arma, pues las balas pasaban veloces a la derecha, a la izquierda, y también por arriba de la roca… Aún así, su habilidad era tan grande que, cuando disparaba, un soviético caía, con lo cual conseguía sembrar algo de miedo y evitar que el avance del enemigo se vuelva demasiado caudaloso. Afortunadamente, los soldados soviéticos que enfrentaba no tenían ametralladoras, pues de ser así fuera casi imposible defenderse. Por ello logró resistir heroicamente, hasta que, en una de esas ocasiones en que se asomó a disparar, una bala explosiva, disparada por un francotirador soviético según ciertas fuentes, le dio en la barbilla y le salió por la mejilla izquierda…

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Ahora, Simo perdía sangre y necesitaba ayuda. Cualquiera habría muerto en tales circunstancias, pero él tuvo tanta habilidad y “cabeza fría” que incluso consiguió acabar con el soviético que le había disparado, y con otros más… Lógicamente habría llegado un punto en que perdería la consciencia y pasaría a ser “carne de cañón”, pero solo ocurrió lo primero porque, cuando apenas 3 finlandeses más resistían con él, llegaron refuerzos de rescate y lo sacaron. Según refirió uno de los soldados que lo salvaron, Simo “había perdido la mitad de la cara”…

Tras ser llevado al hospital, Simo permaneció inconsciente hasta el 13 de marzo, y en todo el mes no fue capaz de escuchar nada. Requirió 10 cirugías faciales, y tuvo que pasar algún tiempo para que reapareciese y se supiese que no había muerto, cosa esta que deseaba hacer creer la Prensa Soviética y algunos sectores informativos de la propia Finlandia.

Las armas del gran francotirador

Simo Häyhä usó únicamente dos armas. La primera, el rifle M/28, variación finlandesa del rifle soviético Mosin-Nagant. Con el M/28, Simo mató unos 542 soldados soviéticos. Su otra arma era la sub con el que oficialmente liquidó a 505 soldados rusos. Como arma de soporte usaba un Suomi M-31 SMG, un subfusil de menor alcance que su rifle, y con el que se piensa que habría matado aproximadamente unos 200 uniformados soviéticos, alcanzando un total de 742 muertes en la estadística más optimista (pues ciertas fuentes dicen que en realidad solo mató 505 soviéticos con el M/28).

Después de la guerra

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Simo requirió varios años para recuperarse por completo después de haber sido herido en el rostro. Sin embargo, una vez que estuvo suficientemente bien, volvió a su viejo pasatiempo de cazador, pero también se dedicó a criar perros.

Su hogar, ya que los soviéticos se habían quedado con las tierras en que alguna vez habitó, pasó a ser la granja de su hermano Utulaan, en una zona poblada de Ruokolahden (al sureste de Finlandia, cerca de la actual frontera con Rusia), rodeada de bosques. Allí siguió viviendo en soltería (no se había casado ni se casaría), pero convertido en una celebridad con la cual el presidente finés Urho Kekkonen fue varias veces de caza.

También, tras la guerra Simo fue invitado a ser miembro honorario del Club de Oficiales de Reserva de Ruokolahden, habiendo formado, en tiempos de guerra, parte de la infantería ligera de Carelia.

Finalmente, y ya con la salud mermada por el paso del tiempo, Simo acabó sus días en Hamina, un hogar de ancianos veteranos de guerra. Falleció el 01 de abril del 2002, a la venerable edad de 97 años. Poco antes, en 1998 cuando un grupo de coleccionistas de armas fue a entrevistarlo, se le preguntó cómo había llegado a ser tan buen francotirador, y él simplemente respondió: “práctica”.

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Sin embargo, y aquí viene la frase más recordada de él, cuando se le preguntó si lamentaba haber matado a tantas personas, el “amable”, “humilde” y “tranquilo” anciano, respondió mirando con natural serenidad a través de sus gruesos anteojos:  “Yo solo hice lo que me dijeron que hiciera, lo mejor que pude”.

Vía AsesinosEnSerie

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