El camino de Santiago a la japonesa

Los japoneses tienen la mala fama de ser unos copiones. De apropiarse siempre de ideas o inventos ajenos para luego modificarlos y mejorarlos por su cuenta. Pero ese sambenito es bastante injusto. Por ejemplo, si decimos que en Japón tienen una versión autóctona del Camino de Santiago, no faltará quien levante una ceja con cierto desdén. ¡Hasta eso tienen que copiarnos!, pensará. Pues no, las cosas no son siempre lo que parecen. Esa ruta sagrada existe de verdad, en lo mas profundo del Japón rural, pero no es ni pretende ser ninguna imitación. Lleva ahí desde hace muchos siglos, prácticamente tantos como la propia ruta jacobea, y su historia es igualmente interesante.

El Shikoku Henro es un camino de peregrinación que recorre 88 templos (budistas en su mayoría) en la isla de Shikoku, la más pequeña de la islas principales que componen el archipiélago nipón. La ruta, que comprende unos 1200 km, recorre prácticamente todo el perímetro de la isla, y hacerla a pie al modo tradicional puede llevar unos 40 o 50 días, según lo ligero de piernas que sea uno. Los peregrinos suelen vestir una indumentaria específica para que los reconozcan como tales: túnica blanca, sombrero cónico de paja, y cayado de madera. Es típico que los lugareños les ofrezcan limosnas, bien en dinero, bien en forma de comida, a cambio de una bendición. Además de los 88 templos “oficiales”, hay otros 20 extra que también se pueden visitar, lo que deja la cifra total en un número de lo más auspicioso para la cosmología budista: 108.

Peregrinos japoneses

La tradición asocia esta senda al monje Kukai, de quien se dice que fue el primero en dar la vuelta a la isla de templo en templo, perdido en sus meditaciones. Como suele pasar con las rutas sagradas en todo el mundo, hay mil y una historias respecto a cómo y por qué surgió, casi todas asociadas a la figura Kukai. La mayoría no pasan de ser meras leyendas, pero no faltan razones para vincular elShikoku Henro a las peregrinaciones de este monje que vivió entre los siglos VIII y IX.

Kukai nació en la propia Shikoku en el año 774. Japón estaba en las postrimerías del perido Nara, lo que en la historiografia japonesa se considera todavía la Edad Antigua. La ciudad de Kyoto aún ni siquiera se había fundado, y faltaban cerca de un par de siglos para que los primeros samuráis se batieran el cobre en los campos de batalla. Kukai era el hijo de una familia noble, e iba para funcionario de la corte hasta que la llamada de Buda le hizo dejar los estudios y dedicarse al ascetismo y la meditación. A sus padres aquel ramalazo místico no debió de hacerles mucha gracia pero, visto con cierta perspectiva, la verdad es que no puede decirse que Kukai hiciera una mala elección. Su nueva vida monástica le llevaría a ser uno de los sabios más reverenciados de la Historia de Japón.

Kukai pasaba la mitad de sus días vagando por las montañas en retiro espiritual, y la otra mitad estudiando los sutras en las bibliotecas de los principales templos del país. Los agrestes parajes de su Shikoku natal eran su lugar preferido para dedicarse a la contemplacion. Pero este excéntrico santón no pasaba desapercibido en los centros de poder de Nara, la antigua capital, y tampoco en Kyoto, la nueva y flamante sede imperial. Así, llegó a ser elegido para formar parte de una misión diplomatica a China, todo un honor. Aunque, más que enzarzarse en poilitiqueos, aprovechó el viaje para profundizar en sus estudios sobre budismo esotérico con maestros locales. Se ve que esta especie de Erasmus chino le cundió bastante porque, a su vuelta, empleó ese conocimiento en crear un nuevo credo budista, el Shingon, que hoy es una de las ramas principales del budismo japonés.

Kukai

Kukai también era un literato notable, al que la lengua japonesa debe bastante. Se le atribuye incluso haber inventado los alfabetos hiragana y katakana, que en la actualidad, combinados con caracteres chinos, son la base de la escritura japonesa. Probablemente esto último es solo una leyenda, pero nos da una idea de la dimensión que tiene la figura de Kukai en Japón. A su muerte en el 835, siguiendo la costumbre budista, se le dio el nombre póstumo de Kobo Daishi, por el que también es conocido. Su tumba en el monte Koya, al sur de Osaka, es uno de los sitios sagrados por excelencia del país, lugar de peregrinación desde tiempo inmemorial.

No es de extrañar por tanto que, por extensión, se le atribuya también la creación del camino de los 88 templos. Kukai gustaba de peregrinar por su Shikoku natal en cuanto tenía ocasión, pues era un lugar alejado del mundanal ruido y del ajetreo de la corte. De ahí nace el mito que le atribuye haber trazado la ruta que circunvala toda la isla. Por supuesto, también se dice que fue él quien fundó prácticamente todos y cada uno de los templos budistas de Shikoku. Pero, igual que la costumbre de peregrinar a Santiago es probablemente anterior a la llegada del cristianismo a la Península Ibérica, muchos de esos templos, y las rutas que los unen, son más antiguos que el propio Kukai.

Entrada al templo de Ryozenji, el primero de los 88

Podemos decir con certeza de que el camino de los 88 templos empieza a ser una tradición reconocida al menos desde mediados del siglo IX. Pero las crónicas se remontan incluso más atrás; ya en el siglo VII, ascetas semilegendarios abrieron las primeras rutas de peregrinación por Shikoku. Probablemente, Kukai simplemente se limitó a imitarlos en sus periplos por la isla. Tras su muerte, una nueva generación de monjes y místicos quiso seguir sus pasos y, a partir de ahí, el Henro se fue ampliando y creciendo, tanto en kilómetros como en popularidad.

Pero no alcanzaría su forma definitiva hasta el s. XVII, en plena era Edo, con los shogunes Tokugawa gobernando el recién unificado Japón. Es entonces cuando su fama se dispara. Con el país pacificado tras siglo y medio de contínuas guerras intestinas, los caminos estaban por fin libres de cuatreros y maleantes. Viajar volvía a ser seguro, y se convirtió en un pasatiempo de moda. Las peregrinaciones a lugares sagrados, como el santuario de Ise o el de Izumo, experimentaron un auténtico boom, y las viejas rutas, como el camino de Shikoku, resurgieron del olvido al que la era de las guerras civiles las había condenado. Su popularidad se mantendría ya intacta hasta nuestros días, impasible al devenir de conflictos mundiales y revoluciones.

El camino de los 88 templos no es la única ruta sagrada que existe en Japón, ni siquiera la más antigua, pero a buen seguro sí es la más famosa. Las comparaciones son odiosas, y sería absurdo pretender equiparar el Henro de Shikoku con el Camino de Santiago. Histórica y culturalmente, son bien distintos. Pero la ruta de Kukai tiene también una milenaria tradición que, en cierto modo, corre paralela a la del apóstol que (supuestamente) descansa en Compostela.

 

Vía Historias de la historia

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