La voz de Hitler en la intimidad (única grabación)

Adolf Hitler vigilaba férreamente el culto a su personalidad, hasta el extremo de que apenas hay fotografías de su vida privada (que trascendieron mayormente tras la guerra con el saqueo de colecciones privadas) y no permitía que se grabara su voz. Dado que, según los testimonios de la época, su liderazgo se basaba sobre todo no en lo que decía sino en cómo lo decía, esta precaución parece bastante razonable. Su imagen para la posteridad ha llegado principalmente de las grabaciones de sus soflamas exaltadas (por ejemplo, en la película Contact, cuando en el SETI reciben del espacio el discurso de apertura de los juegos olímpicos de Berlín).

Existe, sin embargo, un documento sonoro extremadamente raro, y es la única grabación que se conoce de Hitler hablando en tono de voz normal. Hace años leí la transcripción de esa grabación en el número de Command Magazine de julio de 1996. Esa transcripción tiene un interés especial porque, hablando de forma relajada, Hitler realiza una serie de comentarios que permiten entender cómo veía la guerra. Ya hemos señalado anteriormente esta clase de declaraciones privadas de personajes históricos, que tienen la virtud de que el que las realiza no intenta ocultar la verdad a su audiencia. No son informaciones que a su ministro de información le hubiese gustado que se hicieran públicas, porque tales revelaciones serían catastróficas: ya en 1942 reconocía que lo tenían muy difícil con Rusia (y apunta ya las maneras de la debacle). Intentando localizar ese artículo como material de referencia para escribir una nota, he descubierto que la grabación es pública. Su salida a la luz en los años 80 coincidió con la controvertida publicación de ciertas memorias falsificadas en Alemania. Sin embargo, la grabación fue dada por buena por los expertos y, actualmente, todas las fuentes que he consultado la consideran auténtica y sincera. No he encontrado referencias en Snopes, la web que desmonta leyendas. La grabación ha sido utilizada por actores que han representado a Hitler para mejorar su caracterización. Por ejemplo, en la película El hundimiento. La aparición pública de la grabación fue seguida con atención en Finlandia y Alemania, ya que por el tono y los comentarios que da Hitler, es como si estuviera ofreciendo una explicación póstuma de sus actos.

Es el cumpleaños de Carl Gustaf Emil Mannerheim, comandante de las fuerzas armadas finlandesas, héroe de guerra, político de derecha, involucrado en la independencia finesa en 1918, presidente de la república, y hoy día el personaje público mejor valorado en Finlandia según algunas fuentes, habiendo sido reconocidos sus méritos hasta por sus oponentes comunistas. Hitler y una pequeña delegación alemana llegan a Finlandia en una visita sorpresa de seis horas para condecorar y regalar una metralleta de oro a su aliado finlandés, que está dirigiendo lo que los fineses denominan “la guerra de la continuación” tras la “guerra de invierno” de 1939-40. La visita es inesperada y causa cierto embarazo. Durante el almuerzo en un vagón de tren, Hitler conversa con los comensales: Mannerheim, Ryti y Rangell (presidende Finlandés y su primer ministro). Habla sobre el inopinado tamaño del ejército rojo, el mal tiempo que hizo en otoño de 1939, los problemas que le causaron las aventuras italianas en África y los Balcanes, y por último sobre las negociaciones con Molotov que cristalizaron en el pacto Molotov-Ribbentrop. Inadvertidamente, la conversación es grabada por la radio finlandesa, que realiza un seguimiento del cumpleaños de Mannerheim. Hasta que, en el minuto once, los guardaespaldas de Hitler descubren la grabación y la interrumpen. Las circunstancias de la grabación varían según las fuentes, pero esta parece la más verosímil.

Hitler y Mannerheim, probablemente en el vagón de tren donde se grabó la cinta.

Hitler, el primer ministro finlandés Rangell, y, de espaldas, Mannerheim (de uniforme) y el presidente Ryti

(http://stevenlehrer.com/finland.htm)

Finlandia es un aliado complejo para los alemanes (en realidad, es un co-beligerante). Sólo está en guerra con Rusia, recuperando los territorios arrebatados en la Guerra de Invierno, al tiempo que mantiene una posición de cierta independencia. Al revés que el resto de satélites y marionetas del Eje, los finlandeses son un socio con ideas propias, que no se deja manipular en demasía, y, al tiempo, las tropas finlandesas son las de mayor calidad militar entre los aliados de Alemania, lo que no es cosa de menospreciar. Aparentemente, los alemanes renuncian a forzar a los finlandeses para que destruyan la cinta. De hecho, la visita parece un intento de mejorar las relaciones entre ambas naciones.

Transcripción:

Hitler: …un peligro muy serio, quizás el más serio. Es ahora cuando podemos juzgarlo. No comprendimos hasta qué punto ese estado [la URSS] estaba armado.

Mannerheim: No, no podíamos imaginarlo.

Hitler: No, tampoco yo.

Mannerheim: Durante la Guerra de Invierno ni lo imaginábamos. Por supuesto…

Hitler: (Interrumpe) Sí.

Mannerheim: Sí, tenían-y ahora no cabe duda de todo lo que tenían- ¡todo lo que tenían en sus almacenes!

Hitler: Totalmente, esta es la cuestión. Tenían el mayor arsenal que, eh, cualquiera podía imaginar. Mire, si alguien llega a decirme que un país con (una puerta que se abre y cierra interrumpe a Hitler). Si alguien me hubiera dicho que un país podía empezar con treinta y cinco mil tanques, le habría dicho que estaba loco.

Mannerheim: ¿Treinta y cinco?

Hitler: Treinta y cinco mil tanques.

Una voz de fondo: ¡Treinta y cinco mil tanques! ¡Sí!

Hitler: Hemos destruido, hasta ahora, más de treinta y cuatro mil tanques. Si alguien me cuenta esto le hubiese dicho “¡usted!”. Si usted es uno de mis generales y me dice que cualquier país tiene 35.000 tanques, yo le diría: “Señor mío, usted lo ve todo duplicado o decuplicado. Está loco, ve fantasmas”. Antes le he contado que hemos encontrado fábricas, una en Kramatorskaja, por ejemplo. Hace dos años había como doscientos tanques. No teníamos ni idea. Ahora allí hay una planta de fabricación de tanques donde, cada turno [trabajan] 30.000 [obreros], y en un día trabajan 60.000 obreros. ¡En una sola fábrica! ¡Una planta gigantesca! Masas de trabajadores que, ciertamente, viven como animales…

Una voz de fondo: (Interrumpe) ¿En la zona de [el río]Donets?

Hitler: En la zona del Donets. (Trasfondo de platos y tazas.)

Mannerheim: Bueno, si tiene usted en cuenta que han tenido 20 años, casi 25 años de libertad para armarse…

Hitler: (le interrumpe en voz baja) Era increíble.

Mannerheim: Y todo [el dinero], todo gastado en armamento.

Hitler: Sólo en armamento.

Mannerheim: ¡Sólo en armamento!

Hitler: (Suspira) Sólo que – como le he contado a su presidente [Ryti] antes – yo no tenía ni idea. Si la hubiese tenido, en ese caso habría sido aun más difícil para mí, pero habría tomado la decisión [de invadir] de todos modos, porque no había otra posibilidad. Era, ciertamente, ya por el invierno de 1939-40, cuando la guerra [contra la URSS] debería haber empezado. Sólo tenía esa pesadilla, ¡pero aún hay más! Porque una guerra en dos frentes, eso habría sido imposible, eso nos habría descalabrado. Hoy lo vemos con más claridad que entonces, nos habría descalabrado. Y todo mi ser, originalmente, lo quería así, ya para el otoño de 1939 quería llevar a cabo la campaña en el oeste [la invasión de Francia, Holanda, Bélgica y Luxemburgo, que tuvo lugar en mayo de 1940], pero el constante mal tiempo que hizo nos estorbó.

Como usted sabe, nuestro arsenal era armamento para buen tiempo. Muy capaz, muy bueno, pero por desgracia sólo sirve cuando hace bueno. Lo hemos visto en la guerra. Nuestras armas fueron diseñadas para el oeste [Europa occidental], y todos pensábamos que era lo acertado hasta entonces; era la opinión de los primeros tiempos: no puedes emprender la guerra en invierno. Los tanques alemanes no se probaban para luchar en invierno. Por el contrario, hicimos pruebas para demostrar que era imposible luchar en invierno. Es un punto de partida distinto [al de los soviéticos]. En otoño de 1939 no parábamos de plantearnos el asunto. Yo quería atacar, desesperadamente, y creía de verdad que podíamos acabar con Francia en seis semanas.

Sin embargo, nos enfrentábamos al dilema de si podríamos movernos siquiera un poco: no paraba de llover. Conozco muy bien la parte de Francia y no podía ignorar las opiniones, las opiniones de muchos generales, de que no teníamos el élan,de que nuestras fuerzas acorazadas no serían efectivas, que nuestra fuerza aérea no podía ser efectiva por culpa de la lluvia.

Conozco el norte de Francia. Como sabe, serví en la Gran Guerra durante cuatro años. Así que el retraso fue inevitable. Si hubiera eliminado a Francia en 1939, entonces la Historia del mundo habría cambiado. Pero tuve que esperar hasta 1940, y por desgracia no fue posible antes de mayo. El diez de mayo fue el primer día que hizo bueno, y el diez de mayo ataqué inmediatamente. Di la orden de atacar para el diez el ocho de mayo. Entonces tuvimos que acometer ese inmenso traslado de nuestras divisiones del oeste al este.

Primero la ocupación de… tuvimos ese asunto de Noruega, y, al mismo tiempo, hoy puedo decirlo con franqueza, la seria desgracia, de, a saber, la debilidad de Italia. Porque, primero por la situación en el norte de África, y luego la situación de en Albania y Grecia [las fallidas ofensivas Italianas, que dejaron desguarnecido el “blando vientre de Alemania”]; una gran desgracia. Tuvimos que ayudarles. Para nosotros eso significó, de un plumazo, dividir nuestra fuerza aérea, nuestras fuerzas acorazadas, al tiempo que nos estábamos preparando para la guerra en el este. Tuvimos que ceder, de un plumazo, dos divisiones, dos divisiones completas y una tercera posteriormente [se refiere al Afrika Korps de Rommel], y tuvimos que reemplazar constantemente pérdidas muy severas.

Todo esto era, naturalmente, inevitable, como puede ver. Tuve una conversación con Molotov [ministro de exteriores soviético] en aquel entonces, y estaba totalmente claro que Molotov se marchó de allí con la decisión tomada de empezar la guerra. Quise prevenirlo, pero no hubo forma. Porque las exigencias que aquel hombre trajo apuntaban claramente a dominar Europa en última instancia.

Ya en el otoño de 1940 afrontábamos el dilema: ¿debíamos considerar romper [las relaciones con la URSS]? Por ese entonces, aconsejé al gobierno finlandés para que negociara y ganase tiempo, que actuara dilatoriamente en este asunto, porque siempre temí que Rusia atacaría Rumania a final de otoño y ocuparía los pozos de petróleo, y no habríamos estado a punto en otoño. Si, de hecho, Rusia hubiera capturado los pozos de petróleo rumanos, entonces Alemania habría perdido. Habría bastado con sesenta divisiones rusas para manejar el asunto.

Por supuesto, en esa época en Rumania no teníamos fuerzas de entidad. El gobierno rumano se había puesto de nuestro lado hacía poco y lo que teníamos allí era de risa. No tenían más que ocupar los pozos de petróleo. Por supuesto, con el armamento que teníamos no podía empezar una guerra en septiembre u octubre. Eso estaba fuera de toda duda.

Naturalmente, el trasvase al este no estaba tan avanzado entonces. Por supuesto, las unidades tendrían primero que consolidarse en el oeste. Primero el armamento debería pasar una revisión -sí, nosotros también tuvimos pérdidas en la campaña del oeste. Habría sido imposible atacar antes de la primavera de 1941. Y si entonces, en otoño de 1940, los rusos hubieran tomado los pozos de petróleo, entonces en 1941 habríamos estado inermes.

Una voz de fondo: Sin petróleo…

Hitler: (Interrumpe). Disponíamos de una gran producción alemana [petróleo sintético]: sin embargo, las necesidades de la fuerza aérea, nuestras divisiones Panzer, son realmente inmensas. Es un nivel de consumo que supera lo imaginable. Y sin el añadido de cuatro a cinco millones de toneladas de petróleo rumano, no podríamos haber luchado la guerra -y tendríamos que haberlo dejado estar- y esa era mi gran preocupación. Por tanto, aspiraba a sortear el periodo con negociaciones hasta que fuéramos lo bastante fuertes como para contrarrestar las demandas extorsionistas [de Moscú], porque aquellas peticiones eran lisa y llanamente una extorsión. Los rusos sabían que estábamos comprometidos en el oeste. Podían coger lo que quisieran. Sólo cuando Molotovnos visitó, sólo entonces, le dije francamente que aquellas peticiones, sus numerosas demandas, nos resultaban inaceptables. Con eso las negociaciones se interrumpieron bruscamente esa misma mañana.

Había cuatro asuntos [en la mesa de negociaciones donde se acordaba el pacto entre Alemania y la URSS]. El que afectaba a Finlandia era la libertad [que reclamaban los soviéticos] para defenderse de la amenaza finlandesa. [Yo le dije] “¡¿Me está diciendo que Finlandia le supone una amenaza?!” Pero el replicó: “Finlandia, eso es. Aquellos que agreden a los amigos de la Unión Soviética. Atacarían a nuestra sociedad, nos acosarían constantemente, y una gran potencia no puede ser amenazada por un país menor.”

Yo le dije: “¡Finlandia no amenaza su existencia! O sea, me está usted diciendo que…”

Mannerheim: (Interrumpe) ¡Irrisorio!

Hitler: “…que su existencia se ve amenazada por Finlandia?” Bueno, [me dijo que] era un asunto moral – la amenaza a una gran potencia, y que lo que estaba haciendo Finlandia era de carácter moral … una amenaza a su existencia moral. Entonces le dije que no asistiríamos como espectadores pasivos a otra guerra en el Báltico. En respuesta me pregunto cómo veíamos nuestra posición en Rumania. Ya sabe, les habíamos dado ciertas garantías [a los rumanos]. [Quería saber] si la garantía estaba dirigida contra Rusia. Entonces le dije: “No creo que esté dirigida contra ustedes, porque no creo que vayan a atacar Rumania. Ustedes han dicho siempre queBesarabia [región rumana fronteriza con Rusia, hoy en día Moldavia] les pertenece, ¡pero nunca han dicho que vayan a atacar Rumania! ”

“Sí,” me dijo, pero quiso saber con mayor precisión si esa garantía… (Se abre una puerta y la grabación termina.)

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