La Torre Eiffel, un gran monumento a la muerte

Con los años, Midnight in Paris, Moulin Rouge y un montón de películas de Hollywood casi han logrado convencernos de que París no es sólo sinónimo de contaminación, pobreza y violencia, sino también una mezcla de romanticismo elegante, afables comerciantes y alegres calles -en resumen, la ciudad idílica que sólo aquellos que no viven allí son capaces de imaginar.

En la capital del amor que se ha vendido, el monumento que encarna a la perfección todo esto es la Torre Eiffel. Ejemplo de ello son los seis millones de turistas al año que vienen de todas partes del mundo para ponerse en fila bajo sus cuatro pilares en el lugar que se ha definido como “el mejor lugar del mundo para hacerse un selfie”.

A pesar de esta afluencia masiva de turistas y palos para hacerse selfies, no podemos olvidar que la Torre Eiffel, con sus 300 metros y pico, es uno de los más monumentos a la muerte más grandes del mundo. Desde el comienzo de su construcción, en 1887, se estima que allí han muerto alrededor de 370 personas. Entre suicidios, accidentes y otros desastres estúpidos, muchas personas han muerto de las formas más extrañas en la Torre Eiffel.

1891 – COLGADO DE LA TORRE EIFFEL

Contrariamente a lo que se cree, el primer suicidio desde la torre Eiffel no es el de un joven en 1898; otra persona decidió acabar mucho antes y el método utilizado no es el más obvio. El 23 de agosto de 1891, dos años después de la finalización de la obra -y dos años después de la única muerte confirmada durante la construcción- a las siete de la mañana un hombre fue encontrado ahorcado en el pilar norte, completamente desnudo. No lejos de allí se encontraron sus ropas y tres velas encendidas. Hurgando en los bolsillos de su abrigo se descubrió quién era: un mecánico parisino. Otro descubrimiento: su testamento. Él había dejado toda su fortuna (o su ropa) a Gustave Eiffel.

No se sabe si Eiffel aceptó esta última oferta. Sin embargo los que ahora visitan la torre le deben un favor. Él fue el primero que hizo pensar en iluminar la torre por la noche.

Imagen via Wikimedia Commons.

1912 – LA CAÍDA DEL HOMBRE PÁJARO

El 4 de febrero de 1912, poco después de hacer testamento, el sastre Franz Reichelt saltó de la Torre Eiffel con un traje que en teoría le haría de paracaídas. Le acababan de conceder el permiso para probar su invento. Poco antes de saltar se pavoneaba delante de las cámaras de los periodistas. Se asomó en el primer piso. Después de unos cuarenta segundos de vacilación, se lanza al espacio, entonces parece que se lo piensa de nuevo, pero ya es demasiado tarde. Se estrella al pie de la torre, después de una caída de cinco segundos.

La peor parte de la historia, sin embargo, es que el impacto no le provoca la muerte: la autopsia reveló que había muerto de un ataque al corazón, incluso antes de llegar al suelo. El momento previo fue inmortalizado como veis aquí arriba.

Así, el hombre que participaba en un concurso organizado por el coronel Lalance -10.000 francos para quien inventara un paracaídas que funcionara de manera eficiente y segura para los aviadores- ganó un premio mucho mayor. Aunque Franz Reichelt nunca vio ese dinero, hoy recordamos todos al ”hombre pájaro”.

Un Breguet 19. Foto via Wikimedia Commons.

1926 – EL VUELO DESAFORTUNADO

Es febrero de 1926. Según la leyenda, Léon Collot, un joven piloto reservista de 32 años, se encontró con un viejo amigo americano en un teatro de la capital francesa. Este último se muestra sorprendido por el hecho de que todavía ningún piloto francés haya volado bajo la Torre Eiffel. En un impulso patriótico, el estadounidense agrega que si hubiera una torre Eiffel en los Estados Unidos, alguien ya lo habría hecho hace mucho tiempo. Esto es demasiado para Collot, que ve en estas palabras un ataque a su patria y a su enorme símbolo fálico.

Por tanto acepta el reto. Al día siguiente, por la mañana, despega desde el aeropuerto de Orly y vuela sobre la construcción de hierro. Duda un poco, preocupado por la niebla. A las 9:10 hay una tormenta, y él decide iniciar el descenso. Pasa por debajo de los pilares norte y oeste sin ningún problema, pero hace una maniobra incorrecta y el ala de su Breguet 19 golpea contra un cable de radio instalado en la torre. El piloto pierde el control de su vehículo y se estrella en una bola de fuego en el Campo de Marte. Muere carbonizado en su avión, bajo la mirada atónita de su hermano y un puñado de periodistas.

1960-1961 – NEURASTENIA EN LA TORRE EIFFEL

14 de mayo de 1961, un hombre de unos cuarenta años se lanza desde el duodécimo piso de la torre. Son alrededor de las siete de la tarde. Investigando la policía descubre que el cuerpo pertenece a Albert Dufourmentelle, con domicilio en el número 26 de la rue Châteaudun. El jefe de la policía va a su casa para obtener más información sobre las razones que llevaron al hombre a quitarse la vida. Es entonces cuando, sorpresa, encuentra otro cuerpo, el de Léonie Dufourmentelle, la esposa de Albert que la mató antes de suicidarse. Se descubre después que el muerto estaba sufriendo de neurastenia y llevaba sin trabajar un año. Por lo tanto, era la mujer la que se cuidaba de los temas económicos de la casa.

¿Es quizás esto lo que ha llevado al hombre a matarla y luego saltar de la torre? Nadie lo sabe a ciencia cierta y al parecer no dejó ninguna carta. Cosa extraña: no es el primer suicidio que se llevó a cabo desde la torre por un caso de neurastenia. Un año antes, una joven mecanógrafa de 24 años se arrojó desde lo alto de la torre. Se descubrió que sufría de depresión y neurastenia, y que iba a presentar a su novia a su familia unos días más tarde.

Le Petit Journal Illustré, 21 de marzo de 1926.

Aún más extraño, 35 años antes de que Le Petit Journal Illustré publicara este número el 21 de marzo de 1926. En un artículo en la página 12 se habla del suicidio de un ruso “empujado a la neurastenia por los problemas de su país”.

1963 – UN CRIMEN CASI PERFECTO

El 9 de febrero de 1963, dos inmigrantes españoles, Francisco Toledo Pernia, de 31 años, y su novia, Dolores, 28, suben hasta el duodécimo piso de la torre Eiffel. Bajan en la primera planta para discutir. Dolores cae y muere al instante.

Francisco fue inmediatamente arrestado y acusado de asesinato. Interrogado, declara primero que había ayudado a su pareja a suicidarse. Dos testigos de los hechos han visto a Francisco empujar a Dolores al vacío. Él quería asustarla ya que ella le había confesado la infidelidad, quería asustarla colgándola en el vacío. Pero Francisco sigue declarando que ha sido ella la que se ha tirado movida por un sentimiento de culpa. Después de 15 horas de interrogatorio, Francisco se derrumba y admite su culpabilidad. Confiesa que Dolores se le ha escapado mientras la sostenía suspendida. Dice que quería hacerla pensar, pero se declara inocente de todos modos.

El juicia comienza dos años después. Incluso si los hechos parecen condenar a Francisco, otras pruebas corroboran la teoría del suicidio. El retrato de la señora Toledo presentado en el juicio nos muestra a una mujer “frágil, tímida, cerrada, que no se había adaptado y no hablaba una palabra de francés”; la tesis del asesinato parece desvanecerse. La mayoría de las versiones de los testigos son contradictorias. Al final del proceso, Toledo fue condenado a una pena mínima de cinco años por homicidio.

Hoy todavía se duda del caracter involuntario del asesinato: se ha relacionado a Francisco recientemente con varios crímenes. Fue condenado a cuatro años por haber apuñalado en el cuello a un hombre en 2006 y por posesión ilegal de armas en 2011.

Gustave Eiffel y sus colaboradores en la Torre Eiffel. Foto via Wikimedia Commons.

AÑOS 2000 – BASE-JUMP Y “TURISTAS SUICIDAS”

Después de los años sesenta, se instalaron en la torre redes de seguridad, a fin de evitar accidentes y suicidios. Eso no ha impedido que ocurran otros dramas. En 2005, un fan noruego del base jumping se lanzó desde la parte superior de la torre y se estrelló en una de las galerías del primer piso muriendo instantáneamente. En 2009 una joven fue arrojada desde el segundo piso y cayó sobre el techo del restaurante de la primera planta. Se dice que algunos clientes, no habiendo comprendido la gravedad de la situación, siguieron comiendo tranquilamente.

En total, el número de intentos de suicidio en la Torre Eiffel ha sido de unos 12 por año; cada uno cuesta € 50.000 (precio de la evacuación de la torre), además de un poco de mala publicidad.

Pero lo que más preocupa a las autoridades es la nacionalidad de los suicidas. El nuevo fenómeno: el “turismo suicida”. Que incluso pone en duda la utilidad de la torre. Después de todo, ¿para qué sirve a parte de para ser destruida en las películas americanas?

 

 

Vía VICE

Robin Cannone

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